Si la virtud de comer se extendía por todos los rincones, el placer de washi solo estaba dedicado a unos pocos. Teníamos la materia prima, teníamos el candor de todos los viajes a Japón, las enseñanzas de la familia de Shikoku, el recuerdo de aquellos tiempos que fabricábamos papel con las manos y el agua fría de la montaña. Y luego poco a poco nos dejamos llevar por la tijeras que trazaban figuras, daban formas a los estampados de la naturaleza japonesa. Y así surgió el rincón del papel, uniendo esfuerzos con otros ojos rasgados de la ciudad que sabían mirar entre los biombos de bambú las figuras de geishas  de pelo con rizos, rubias y estilizadas. Poner papel a la vida era nuestra forma de ser en el mundo, de entender que todo lo que te rodeaba podía ser de papel, kami, el sonido que en japonés refería a los dioses y al papel. ¿Porque no eran acaso los dioses de papel? ¿No se crearon y se expandieron por el mundo gracias al papel y a la tinta? ¿Eran o no eran los dioses de papel los que nos habían dado la vida para que nos moviéramos desde el papel hasta la realidad? ¿No era por tanto la realidad más que un simple retazo de papel de otras vidas narradas sobre la marcha? Nuestras geishas y samuráis estaban de enhorabuena. Ellos podían contarnos la verdad desde nuestro espacio cultural Yan Ken Pon. Debíamos escuchar, por tanto, su sabia palabra.

 

kirigami papel origami arte cultura japon

Kami no yuki

kirigami origami sushi cultura japonesa

  Kami no hana

 

16 SEPTIEMBRE 2013

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *